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martes, 13 de octubre de 2015

Hospital...

Hospital con nombre. Planta real. Una puerta metálica de gris frío anuncia que... La "no vida", existe.

No muerto.- Amigo, perdona, hay algo que me atrae junto a ti. Qué te trajo a este lugar?

No vivo.- Yo sentí lo mismo. Debe ser que eres la persona destinada a escuchar mi mal. Hace tiempo te miro y necesito responderte a esa pregunta. Sabía que me la harías.

Verás...  yo más que aquí, debería estar allí; en el infierno. Estoy cansado de decirle a esa enfermera que el psiquiatra  se equivoca de diagnóstico. Yo no soy un paciente como ellos creen. Soy un asesino. Nadie quiere creerme y necesito ya ese juicio que me condene a la pena de muerte.


No muerto.- Vaya, buen amigo! Ser un asesino debe ser más duro que ser un sujeto "derivado a salud mental" por intento de... No viene al caso. Lo haré cuando dejen de atarme a la cama de noche y sedarme para que desista en mi empeño.

No vivo.- Y esa chiquilla, la ves? Todas las tardes recibe la visita de su madre, es muy joven. Qué la traería aquí?

No muerto.- No sé... Lo mismo es otra asesina, como tú. Quizá alguien con dolores del alma, como yo. Fíjate bien. Puede que sea alguien que se está matando poco a poco. Sus ojos delatan un sufrimiento fuera de lo común. Siempre camina con la mirada fija en ninguna parte.

No vivo.- Y esa otra? Me suena su cara. La miro y siento cómo me mira intentando decirme: Yo estaba allí.

No muerto.- La que toma notas desde el banco?
Es una enfermera de Urgencias fuera de servicio. Seguro que escribe sobre la vida y lo que ocurre en los veinte minutos de visita a la hora del té en alas inexistentes de hospitales públicos.

No vivo.- Sí, esa.

No muerto.- Viene todas la tardes a ver a su madre. Esa señora que de tanto leer el Quijote aprendió el texto de memoria y lo repite sin cesar, una y otra vez, como si aquel lugar de la Mancha se hubiera convertido en su dogma de fe y pilar existencial.

No muerto.- Me cuentas tu verdad? No creo que seas ningún asesino...

No vivo.- Sí, lo soy. Maté a mi Princesa. Una mañana soleada del mes de abril cuando íbamos circulando por la M-30, allí donde el Pirulí me hipnotiza cada mañana, el conductor del camión de los refrescos me saluda y ese coche rojo... Ese coche rojo... ¡No estaba! Si hubiera estado... Todo habría sido como cada mañana y habríamos llegado a nuestro destino.

No muerto.- Hace un tiempo yo era conductor de camiones de refrescos. Te comprendo amigo, esas cosas ocurren. Yo una mañana dejé de cruzarme con un coche azul y siempre me he preguntado qué sería de aquel buen amigo que cada mañana aparecía en el mismo instante que yo para compartir aquel atasco inevitable. Me pitaba, saludaba y rodábamos juntos hasta la salida que nos alejaba en direcciones opuestas, hasta el siguiente día. Siempre me pregunté a qué colegio iría su hija.

No vivo.- Le preguntamos a la chica de mirada perdida si tenía un coche rojo?

No muerto.- Perfecto, buen amigo, creo que todo encaja. De paso, vamos a pedirle a la que toma notas que cuente nuestra historia...


Alicia.-

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