Hay besos que saben a música.
Y por ello,
lenguas incapaces de cerrar los ojos
-aunque se lo pidan-,
cuando las acarician.
Se ha descubierto el porqué.
Necesitan saber qué melodía componen,
qué escuchan de ellos...
A qué saben en el otro.

Qué composiciones tan apasionadas me hace recordar tu poema. Precioso y descriptivo, una gozada leerlo. Besos
ResponderEliminarMuchísimas gracias, Chari.
EliminarMe alegra una barbaridad que te haga recordar composiciones besolódicas... ;)
Un abrazo y besos.