Cada tarde, antes de partir hacia el olvido que aquella enfermera le suministraba hasta el alba, se sentaba a recordar a solas en aquella terraza. Miraba atrás, dejaba que el silencio llenara sus oídos, dejaba que las lágrimas desbordaran de sus ojos y de su voz, salía siempre la misma canción...
Igual que el recipiente inferior de la clepsidra tira del agua que reposa arriba, sin poder ni querer evitarlo, quería robar tu tiempo y apoderarme de cada segundo que me regalabas hasta tu ida.
Igual que la gravedad hacía de aquel funcionamiento una rutina, sin poder ni querer evitarlo, te necesitaba en mi vida, cada segundo, cada día, cada gota que caía.
Igual que existen penas sin delitos y pecados sin culpables, sin poder ni querer evitarlo, quería ser tu pecado, tu delito y tu guerra inconfesable.
Igual que el mar posee su propia melodía, sin poder ni querer evitarlo, necesitaba ser la ola que a tu lado se meciera, rompiera y fortaleciera.
Igual que hay silencios que no necesitan explicación, sin poder ni querer evitarlo, quería ser el más extraordinario de tus ruídos sin solución.
Igual que supiste con sólo mirarme que mi alma necesitaba hablarte, sin poder ni querer evitarlo, jamás pude ni necesité engañarte.
Igual que los magos saben de magia, los amantes de ilusiones y tú de mí, sin poder ni querer evitarlo, necesitaba ser el telón que abriera y cerrase aquella función.
Igual que éramos dos o uno según las posición, sin poder ni querer evitarlo, las sillas siempre se multiplicaban por dos.
Igual que el tiempo y el viento oxidan y erosionan las paredes, sin poder ni querer evitarlo, mi alma envejecía si no te veía.
Igual que esta casa fue testigo de aquel amor, sin poder ni querer evitarlo, amanecía y anochecía en ella soñando una vida que no nos perteneció.
Igual que cerraba los ojos cuando te besaba, sin poder ni querer evitarlo, volvía tu mirada a mí cada vez que te pensaba.
Igual que este espacio se derrumba como yo al caer la tarde y la clepsidra sigue con su costumbre de malgastar nuestro tiempo entretenidos en otros brazos; yo te seguiré esperando.
Igual que el recipiente inferior de la clepsidra tira del agua que reposa arriba, sin poder ni querer evitarlo, quería robar tu tiempo y apoderarme de cada segundo que me regalabas hasta tu ida.
Igual que la gravedad hacía de aquel funcionamiento una rutina, sin poder ni querer evitarlo, te necesitaba en mi vida, cada segundo, cada día, cada gota que caía.
Igual que existen penas sin delitos y pecados sin culpables, sin poder ni querer evitarlo, quería ser tu pecado, tu delito y tu guerra inconfesable.
Igual que el mar posee su propia melodía, sin poder ni querer evitarlo, necesitaba ser la ola que a tu lado se meciera, rompiera y fortaleciera.
Igual que hay silencios que no necesitan explicación, sin poder ni querer evitarlo, quería ser el más extraordinario de tus ruídos sin solución.
Igual que supiste con sólo mirarme que mi alma necesitaba hablarte, sin poder ni querer evitarlo, jamás pude ni necesité engañarte.
Igual que los magos saben de magia, los amantes de ilusiones y tú de mí, sin poder ni querer evitarlo, necesitaba ser el telón que abriera y cerrase aquella función.
Igual que éramos dos o uno según las posición, sin poder ni querer evitarlo, las sillas siempre se multiplicaban por dos.
Igual que el tiempo y el viento oxidan y erosionan las paredes, sin poder ni querer evitarlo, mi alma envejecía si no te veía.
Igual que esta casa fue testigo de aquel amor, sin poder ni querer evitarlo, amanecía y anochecía en ella soñando una vida que no nos perteneció.
Igual que cerraba los ojos cuando te besaba, sin poder ni querer evitarlo, volvía tu mirada a mí cada vez que te pensaba.
Igual que este espacio se derrumba como yo al caer la tarde y la clepsidra sigue con su costumbre de malgastar nuestro tiempo entretenidos en otros brazos; yo te seguiré esperando.
Alicia González.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.